lunes, 16 de febrero de 2015

UNA CRÍTICA AL "GRADUALISMO"


Resulta muy habitual encontrarse dentro del ámbito animalista un criterio moral basado en lo que recientemente parece haberse dado en llamar "gradualismo". Se aprecian en ello algunas de las inclinaciones clásicas del bienestarismo, así como el especismo que acostumbra a imperar igualmente dentro del propio animalismo, es decir, el mero sufrimiento como la piedra angular de la que se parte, y una jerarquía moral dentro de las diferentes especies animales.

Opino que esta postura es equivocada y considero que suele venir motivada por dos errores fundamentales: o bien se comete el clásico error de atribuir a las capacidades cognitivas algún tipo de relevancia en la consideración ética, o bien se cree que la sintiencia es una facultad cuantificable y que esta gradación vendría a tener repercusiones en dicha consideración.

Es inevitable advertir las implicaciones antropocéntricas de todo esto. Por un lado, porque las cognitivas son las capacidades que dominamos los humanos, y la importancia que se les atribuye no parece responder a otro motivo más que a éste. No es la cognición ni la inteligencia el atributo que nos proporciona la individualidad, la subjetividad. Las diferentes capacidades cognitivas probablemente proporcionen diferentes formas de percibir el mundo, diferentes tipos de conciencia, pero en ninguna parte está establecido que dichas diferencias representen algún tipo de relevancia en nuestra consideración moral. Las personas (humanas y nohumanas) podremos ser diferentes en muchos aspectos, pero somos iguales en nuestra condición misma de personas, que es la característica verdaderamente importante.

Igualmente, para quienes sostienen que efectivamente es la sintiencia la única cualidad relevante pero tratan de establecer grados en la misma, el más complejo de los sistemas nerviosos vendría a ser el del humano, y es por tanto a partir de comparaciones respecto a él sobre lo que se establecería la jerarquía que se pretende. Como he mencionado antes, no se diferencia en nada del especismo habitual que impregna al "animalismo". Sencillamente se le ha tratado de dar una respuesta con tono de racionalidad, es decir, se ha tratado de racionalizar lo irracional, cayendo además en una petición de principio, en tanto que una jerarquía antropocentrista pretende ser justificada a partir de un punto de vista antropocéntrico.

No puedo evitar hacer un alto aquí para notar las asombrosas semejanzas que presentan estas posturas con el darwinismo social y los deterministas de épocas pasadas. Los prejuicios racistas y clasistas eran una inclinación natural en el pasado, pero cuando ciertas personas empezaron a dudar de su validez, no tardaron en surgir quienes —incluso desde ámbitos académicos— trataron de darle una respuesta supuestamente racional. La estrategia era la misma: puesto que los hombres blancos y de buena posición parecían destacar por sus dotes intelectuales, se estableció la inteligencia de los blancos como factor referencial. E, igualmente, se pretendían perpetuar las jerarquías de raza y clase tratando de demostrar diferencias en los grados de inteligencia de unos y otros. Surgió la craneometría, la frenología, la fisiognomía...; científicos que aseguraban que era posible determinar la inteligencia, la personalidad y las aptitudes de cada uno midiendo los cráneos, observando las caras, pesando los cerebros o contando las circunvoluciones de estos. Todo un fraude que además hubiera seguido careciendo de relevancia moral. Incluso los test de inteligencia han demostrado serlo, puesto que están sujetos en buena parte a factores culturales y educacionales (Alfred Binet, el precursor de los test de inteligencia, pretendía con ellos simplemente descubrir a los niños con ciertos problemas de aprendizaje para poder así diseñar respuestas educativas apropiadas, no para establecer jerarquías, cosa que siempre temió, y que sucedió, desgraciadamente).

En esta misma línea parece haber surgido lo que podríamos llamar la "sintienciometría" (aunque lo cierto es que la definición que suele darse de la sintiencia desde esta corriente se reduce a la mera capacidad de sufrir y disfrutar). No responde a patrones sustancialmente diferentes, ciertamente. La medición de los sistemas nerviosos, la forma y numero de las sinapsis, el diseño de centralización, el recuento de neuronas..., todo ello para tratar de medir una mera ilusión: el grado de sintiencia. No existe prueba alguna de que nuestro sistema nervioso sea el más complejo de entre los sistemas nerviosos existentes, aunque primeramente habría que saber qué se entiende por "complejidad", algo que a simple vista manifiesta una gran ambigüedad. Ni somos la especie con el mayor sistema nervioso, ni somos quienes más neuronas tenemos, ni está establecido en ninguna parte (salvo en nuestras propias preferencias) que nuestra sintiencia sea algún tipo de culmen o patrón de medición. Y todo esto obviando, naturalmente, las diferencias intrínsecas entre los individuos de una misma especie, algo que ya resulta especista de por sí. Los humanos, por lo común, destacamos por nuestras dotes intelectuales y cognitivas, y nuestro sistema nervioso está especialmente diseñado para el desempeño de estas funciones, pero, tal y como he dicho antes, resulta una arbitrariedad absoluta creer que esa característica concreta y no otras en las que no destacamos represente algún tipo de relevancia significativa.

Se aprecia además una clara fijación por la particular experiencia del dolor (cosa no sorprendente, teniendo en cuenta las tendencias utilitaristas habituales en quienes defienden estas posturas), aunque ni siquiera en este sentido haya pruebas de que seamos los humanos quienes más dolor podemos llegar a padecer. Biólogos como el Dr. Jaren G. Horsley sostienen que animales como los crustáceos, por ejemplo, podrían llegar a mayores niveles de dolor debido a la falta de un sistema nervioso de tipo autonómico y la imposibilidad que ello implica de entrar en estados de shock. Pero la sintiencia no se refiere únicamente al dolor. La sintiencia representa la facultad de tener experiencias de tipo subjetivo, el procesamiento de las percepciones sensitivas de todo tipo. Hay animales que demuestran una mayor capacidad visual que nosotros, o una capacidad auditiva mucho más desarrollada. Sabemos también que los cinco sentidos con que contamos los humanos no son los únicos existentes en el reino animal, sino que muchos son capaces de sentir cambios de presión, químicos, magnéticos o de otra índole. Todo ello forma parte también de la sintiencia, siendo igual de absurdo plantear siquiera una mayor capacidad sintiente en aquellos individuos que ven u oyen mejor, y, consecuentemente, una mayor consideración moral, por ejemplo.

Pueden llegar a ser observados y hasta medidos, sí, algunos de los mecanismos, respuestas y órganos neurofisiológicos participantes en el proceso de la sintiencia, pero no así el fruto de ella que aquí nos atañe: la subjetividad, así como la conciencia que deriva de ella. La subjetividad no puede ser medida, siendo ésta, de hecho, una de sus singulares características intrínsecas. Intentarlo resulta tan descabellado como intentar medir el amor. Apenas somos capaces de deducir lógicamente que otros individuos son también sintientes en base a la investigación empírica, los descubrimientos que vamos haciendo de sus sistemas nerviosos, y lo que sabemos del nuestro propio, pero nada más. Con las pruebas de que disponemos podemos suponer razonablemente que el resto de animales sienten, esto es, que experimentan subjetivamente tanto su propio ser como el mundo que les rodea, pero la forma o el nivel en el que lo hacen está fuera de nuestro alcance, tanto en el caso de otros animales como en el de otros humanos.

Lo expuesto hasta aquí tan sólo pretende hacer notar la poca rigurosidad y la superficialidad sobre la que considero que se sostienen estos criterios, pero en realidad nada de ello tiene relevancia para el plano que nos preocupa: el ético. Porque el supuesto mayor o menor grado de sintiencia, aunque pudiera llegar a ser medido alguna vez, seguiría sin representar en ningún modo relevancia alguna para la consideración moral. A quien debemos respetar no es a la sintiencia, sino a las personas. La sintiencia es relevante en tanto que implica la presencia de conciencia, y un ser consciente (sea en la forma que sea) es por definición una persona. De eso trata el veganismo (y la ética en general), del respeto a las personas (nohumanas, en este caso) y es por ello, y no por otra cosa, por lo que se precisa poner atención en la capacidad de sentir. Salvo que creamos que pueden existir grados de respeto o grados de persona, debemos admitir que la sintiencia es igualmente relevante a nivel cualitativo, no cuantitativo.

No veo que este tipo de criterios se diferencien demasiado del de autores como Tibor R. Machan, quien se declara un «especista orgulloso» y que considera el especismo una «obligación moral» que debería establecer una jerarquía entre los seres vivos porque «unos son de menor categoría que otros»; o Steven M. Wise, que establece una jerarquía entre los animales en función de una «autonomía práctica» basada en el parecido con los humanos. Como bien señala el profesor Bob Torres«es como hacer un ranking de no-blancos en función de lo cerca que están de ser blancos».

Cuesta realmente creer que este tipo de ideologías sean planteadas con honestidad, toda vez que sólo pretenden ser establecidas (por lo común) en nuestra relación con los nohumanos. De lo contrario, un niño pequeño (cuyo sistema nervioso está aún en proceso de desarrollo) o un ser humano ciego, sordo, parapléjico y/o aquejado de CIPA (insensibilidad al dolor físico) debería por coherencia ser una persona que mereciera una menor consideración moral. Pero no se da ese caso. Bien al contrario, a este tipo de personas suele dispensárseles una mayor atención de la habitual. Además, un criterio semejante, para ser al menos coherente consigo mismo, no debería hacer distinciones entre especies, sino entre individuos, o más correctamente aún, entre grados de sintiencia que fluctuarían incluso dentro de un mismo sujeto (una persona merecería, por coherencia, menor consideración moral estando dormida que estando despierta, por ejemplo).

Como he comentado antes, este tipo de ideologías parten de doctrinas netamente utilitarista que reniegan de los derechos individuales, y es por ello por lo que surgen planteamientos como: "Entonces, ¿una mosca vale para ti lo mismo que un ser humano?". La pregunta en sí ya incurre en la inmoralidad, dado que estamos atribuyendo a los demás un valor instrumental, no moral. No importa cuánto valgan para nosotros los demás; lo importante es que tienen valor para sí mismos, y es ese valor el que estamos obligados a respetar, no el que nosotros queramos otorgarles. Eso pasa por entender que no están en este mundo para servirnos a nosotros, y eso, respecto a los nohumanos, significa veganismo.

Podrá discutirse hasta dónde debe extenderse nuestra consideración moral, es decir, podrá discutirse qué seres son y no son sintientes, pero el "gradualismo" no tiene cabida en la esfera que se determine finalmente, en tanto que tampoco la tienen las jerarquías, no siendo otra cosa lo que pretende establecerse. Las jerarquías son el fundamento de todas las discriminaciones morales, no teniendo ni habiendo tenido nunca otra finalidad que la de otorgar a sus defensores la libertad para vulnerar los derechos de quienes se sitúa en un estrato inferior.

Acabo con una vieja respuesta del paleontólogo y biólogo Stephen Jay Gould al psicólogo determinista Arthur Jensen, muy a colación con el tema, a mi parecer:

«Como paleontólogo estoy perplejo. La evolución es un árbol que se ramifica copiosamente; no una secuencia lineal progresiva. Jensen habla de "diferentes niveles de la escala filética, es decir, lombrices de tierra, cangrejos, peces, tortugas, palomas, ratas y monos". ¿No comprende que los actuales cangrejos y lombrices de tierra son descendientes de linajes que han evolucionado separados de los vertebrados durante más de 500 millones de años? No son nuestros antepasados; no son siquiera "inferiores" ni menos complicados que los seres humanos en ningún sentido significativo. Representan buenas soluciones para su propio modo de vida; no deben ser juzgados según la arrogante idea de que determinado primate constituye la norma para todas las formas de vida. En cuanto a los vertebrados, "la tortuga" no es, como sostiene Jensen, "filogenéticamente superior al pez". Las tortugas evolucionaron mucho antes que la mayoría de los peces modernos, y existen cientos de especies, en tanto que los actuales peces óseos comprenden casi veinte mil especies diferentes. ¿Qué son entonces "el pez" y "la tortuga"? ¿Piensa realmente Jensen que paloma-rata-mono-hombre es una secuencia evolutiva en los vertebrados de sangre caliente? La caricatura de evolución que hace Jensen pone en evidencia su preferencia por una clasificación lineal fundada en un valor implícito.»

9 comentarios:

  1. Hola! Te dejo mi opinión al respecto:

    Si respetamos a un organismo vivo es porque posee intereses, y hay intereses que son más importantes que otros (desde la perspectiva sensocentrista). Saborear un helado de leche vacuna es un interés menor al de una vaca por evitar el encierro.

    La intensidad y cantidad de los intereses dependen de la complejidad del sistema nervioso (condición necesaria, pero no suficiente); así como softwares más complejos necesitan de hardware más complejo.

    Los intereses frustrados de un gusano con 300 neuronas (http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_animals_by_number_of_neurons#Whole_nervous_system) van a ser menores a los de un humano adulto neurotípico.

    Que haya zonas menos claras en la escala gradual no significa que la escala no sea válida (http://en.wikipedia.org/wiki/Continuum_fallacy).

    En palabras de Dawkins:
    https://www.youtube.com/watch?v=vvP4QXtkjXw

    Espero tu respuesta, saludos.

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    1. Buenas.

      Entiendo que los puntos que comentas ya estarían respondidos en el propio artículo, pero bueno, no tengo inconveniente en volver a tratarlos.

      No existe ninguna prueba de que un mayor número de neuronas aporte una, digamos, mayor intensidad a los intereses. Esa es una mera presunción sin ninguna base. Y la analogía con los softwares y los hardwares la considero arbitraria e invalida. No estamos hablando de ordenadores ni de funciones informáticas, pudiendo igualmente ofrecerse un buen número de ejemplos donde la cantidad no hace la calidad, muchos de los cuales, por cierto, podrían estar perfectamente relacionados con animales y atributos estrechamente vinculados al sistema nervioso; al fin y al cabo, los seres humanos, con todo nuestro amplio número de neuronas, no destacamos por demasiadas cualidades.

      Además, vuelvo a decir lo mismo que digo en el texto, la palabra “complejidad” se me sigue presentando sumamente ambigua en este caso. La complejidad de un hardware puede ser formulada en razón a su funcionalidad, por ejemplo, o su coste, o la precisión de sus piezas, pero ¿en qué se basaría la complejidad de un sistema nervioso? Los diferentes sistemas nerviosos son buenas soluciones para las diferentes formas de vida animal.

      En ese vídeo en concreto el profesor Dawkins no está hablando en realidad sobre las cuestiones aquí analizadas. Lo que viene a hacer en él, en resumidas cuentas, es señalar, por un lado, la inconsistencia de limitar nuestra esfera de consideración moral a los humanos, y por otro lado, destacar la dificultad de establecer barreras absolutas en lo concerniente a la sintiencia, cosas ambas con las que estoy de acuerdo. En otras ocasiones sí le he visto inclinarse hacia una postura semejante al “gradualismo” aquí tratado, pero el criterio que presenta en esas ocasiones me parece aún menos riguroso todavía, porque no parece guiarse por otra cosa que la escala filogenética, lo cual es, francamente, una insensatez impropia de alguien de la categoría de Dawkins. De todos modos, quién diga qué me resulta algo totalmente irrelevante.

      Finalmente, considero que la ética consiste en respetar los intereses, no en enfrentarlos y sopesarlos. Es más, opino que esto último vendría a ser justamente lo opuesto a la ética. No concibo que encerrar a una vaca sea incorrecto sólo en tanto que nuestro interés por su leche sea menor a su interés en no ser encerrada, porque eso seria como decir que violar a las mujeres es incorrecto sólo en tanto que el interés de ellas sea mayor al interés del violador. Además, ¿cómo se miden los intereses? La ética consiste en reconocer los intereses de los demás y respetarlos. No es correcto violar a una mujer porque tiene interés en no ser violada. Punto. Y lo mismo ocurre con el resto de intereses de todos los sujetos. Si reconocemos en alguien su interés por la vida, por ejemplo, entonces debemos respetarlo, no ponerle un precio y hacerlo canjeable por un interés que consideremos más valioso.

      Respecto a la mención de la falacia del continuum, no alcanzo a ver por ningún lado su relación con nada de lo aquí tratado, lo siento.

      Un saludo y gracias por compartir tu opinión.

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  2. Muy buen artículo. Ando en transición al veganismo y es un tema sobre el que tenía algunas dudas. Me ha resultado de gran ayuda.

    Gracias y enhorabuena por el blog.

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  3. Respuesta

    https://www.facebook.com/sensocentrismosensocentrismo/photos/a.405588299610206.1073741828.405568259612210/429491497219886/?type=1&permPage=1

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    1. Si esa es la mejor respuesta que se puede presentar a este texto, quedo altamente satisfecho.

      Saludos.

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    2. Me parece que refuta todo lo que dices. No tenemos la seguridad de decir que todos los insectos sienten, no existe consenso claro entre los expertos de la especialidad. Ni tu, ni tovar puede contradecir los anterior. Y si dices algo, en el proximo comentario te agrego la evidencia.

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    3. Que así te lo parecería ya lo daba por hecho. Quien quiere ver refutaciones, las ve, efectivamente. También los especistas ven refutaciones al veganismo por todas partes. Poco puedo hacer a ese respecto me parece a mí.

      ¿La evidencia de qué? ¿De que no hay consenso? ¿De que hay opiniones contrarias? Yo también puedo ofrecerte opiniones de expertos que niegan la sintiencia incluso en mamíferos u otros vertebrados (¡incluso en humanos!). De hecho, hay corrientes de pensamiento al completo muy inclinadas a este tipo de opiniones, tales como el mecanicismo cartesiano o el conductismo, enquistadas en buena parte de la comunidad científica durante años. Lo que también puedo hacer es ofrecerte una infinidad de pruebas sobre la sintiencia de los insectos, pero a partir de ahí, adoptar una postura negacionistas o subjetivista es perfectamente libre, desde luego.

      Por cierto, esta no es una entrada sobre insectos, como tampoco lo es de Tovar. Parece que hay algún problema que te induce a ver lo que no hay, o a ver sólo lo que quieres ver.

      Saludos.

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  4. Así es Igor, yo no veo una refutación. Es más, no veo tan siquiera una respuesta propiamente hablando. Lo que si me queda claro de sobra es que el gradualismo es una posición dogmática, pseudocientifica y que desde una apreciación personal representa una piedra en el zapato para el veganismo.

    Un Saludo

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  5. Oiga ya que parece usted tener en sus manos una verdad lógica universal. Quizá deberían enseñar su lógica como la única correcta en las escuelas, así podríamos seguir todos sus razonamientos total y completamente igual, quizá hasta podrían alcanzar la reproducibilidad en los razonamientos Morales, haciendo de la moral una ciencia.

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