martes, 23 de junio de 2015

SANTUARIOS


Cada vez que reflexiono o soy preguntado a propósito de los llamados santuarios de nohumanos, no puedo evitar que me venga a la mente la imagen de un campo de refugiados. Si se me solicitara describir la idea que tengo de ellos, creo que sería a través de esa analogía cómo mejor podría hacerlo. Hablo de los santuarios desde un plano meramente teórico, y analizado desde esta perspectiva, no encuentro ningún motivo razonable para adoptar una postura de rechazo hacia este tipo de centros. Desgraciadamente, en la práctica muchos de los santuarios de la actualidad no parecen encajar del todo con este perfil ni cumplir con ciertos imperativos que, a mi modo de ver, deberían tenerse por ineludibles.

Por de pronto, he sido testigo de que en algunos de ellos no se llega a respetar el principio mínimo del veganismo, siendo muchos "refugiados" nohumanos alimentados a través de sustancias obtenidas de otras víctimas de la explotación animal. Si no somos capaces de entender algo tan básico como que no se puede ayudar a unos a costa de otros, todo lo demás pierde su significado. Atender los intereses de la víctima que tenemos delante a costa de ignorar los de aquellas que tenemos detrás es una clara muestra de que nuestros actos vienen inducidos por el mero sentimentalismo y no por una verdadera motivación ética y racional. Pocas cosas habrá más incongruentes que comprometerse a ayudar a unas víctimas al mismo tiempo que se sigue sustentando a la industria que las genera.

Por otro lado, creo que debería tenerse claro que un santuario —igual que un campo de refugiados— no representa en modo alguno una situación idílica. Muchos propietarios y miembros de los santuarios parecen vender la idea de que estos centros son poco menos que lo mejor que les puede pasar a los demás animales. La situación idílica sería aquella en la que a los nohumanos les fuera reconocida su condición de personas con derechos inalienables, entre ellos, naturalmente, el derecho a la libertad plena. Puedo aceptar que los santuarios proporcionan un mal menor a las víctimas de un mundo extraordinariamente especista, pero no más. De hecho, entiendo que un mundo idílico sería un mundo sin santuarios.

Igualmente, un error en el que incurren continuamente los santuarios en la actualidad es el de explotar, literalmente, a sus habitantes. Repetidas veces he escuchado por boca de miembros de algunos santuarios que los nohumanos que allí se mantienen «ayudan a concienciar» a la gente. Pero ningún nohumano ha dado su consentimiento para participar en tal cosa. Usar a alguien sin su consentimiento es explotación, sin importar si ese uso se hace para la obtención de carne, cuero, entretenimiento o concienciación. El fin no justifica los medios.

Si un santuario abre sus puertas a los curiosos o visitantes que quieran pasar un rato en compañía de los nohumanos, darles de comer, acariciarlos, fotografiarse con ellos, etc., entonces estará practicando un claro ejercicio de explotación sobre ellos y habrá traspasado la línea radical que los separa de los zoológicos. Cualquier santuario mínimamente ético debería ser privado, cerrado al público y discreto, no algo que se publicite a los cuatro vientos al estilo de «¡Venga a visitarnos y hágase una foto de recuerdo!». Desgraciadamente, contemplo que es una premisa que brilla por su ausencia.

Desde luego, tratar de compaginar los quehaceres habituales requeridos por un santuario con un trabajo de concienciación es no sólo loable, sino deseable. Pero creo que los santuarios disponen de otros medios con los que llevar a cabo esa labor. Hacer público relato de la trágica historia que encierra cada una de las víctimas allí acogidas, por ejemplo, es un método útil que no requiere la instrumentalización de los protagonistas.

Finalmente, a menudo he visto que desde ciertos santuarios se viene fomentando la idea de que el activismo educacional «no sirve de nada», alentando a la gente a llevar a cabo la denominada grandilocuentemente «acción directa», aduciendo además sin rubor alguno que sólo de esa manera se está ayudando a los nohumanos. Me permito la vulgaridad de decir que es una estupidez que de tal burda no puedo más que atribuirle motivaciones deshonestas. Por más nohumanos que se liberen a través de la “acción directa” y sean trasladados a diferentes santuarios, no van a dejar de representar un mero vaso de agua extraído de un océano infinito, un vaso que, dicho sea de paso, será inmediatamente reemplazado por otro. El problema que padecen los nohumanos se llama especismo, y mientras esa mentalidad especista no sea erradicada de la mente de la gente, de la sociedad, las víctimas se seguirán sucediendo una detrás de otra de forma ininterrumpida.

Creer que las liberaciones o los santuarios pueden solucionar la situación que padecen los nohumanos es lo mismo que creer que se puede curar una amputación con una tirita. Como digo, soy incapaz de conceder tal grado de ingenuidad en alguien mínimamente inteligente, por lo que sólo me caben en la cabeza propósitos deshonestos detrás de unas proclamas tan disparatadas.

El trabajo educacional no sólo ayuda, sino que es el único que puede hacerlo. Ningún campo de refugiados ha servido jamás para solucionar los problemas que hicieron necesaria su apertura. El trabajo que en ellos se desempeña puede ser encomiable, pero nunca puede sustituir ni marginar la necesidad principal: atajar el problema de raíz a través de un trabajo educacional que cambie el paradigma social actual.

Creo sinceramente que muchos de los errores mencionados se vienen cometiendo porque buena parte de los santuarios están diseñados más con la mente puesta en los intereses humanos que en los de las víctimas. Es tal la desazón, el desaliento y la impotencia que a menudo embarga a las personas inmersas en el movimiento en favor de los animales nohumanos, que muchos parecen necesitar al menos un breve contacto físico y emocional con algunos rescatados a modo de inyección anímica. Soy perfectamente capaz de entender a esa gente y no puedo por ello juzgarlo severamente, pero si nos dejamos arrastrar excesivamente por las emociones y perder con ello el enfoque con la frialdad y objetividad que requiere, estaremos condenando al resto de animales.  

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7 comentarios:

  1. Igor, me parece interesante tu artículo pero no estoy completamente de acuerdo.

    Considero que los santuarios realizan una gran labor y son muy útiles para el movimiento de liberación animal. Por supuesto estoy de acuerdo contigo en que la labor educativa es necesaria pero los santuarios no sólo son un complemento a esa labor sino que para aquellos animales que han sido rescatados significan la diferencia entre una vida de cautiverio ante una muerte segura y una vida en la que se pueden desarrollar como individuos.

    Por lo que respecta a las visitas considero que no son perjudiciales en sí mismas sino que ello depende de cómo se lleven cabo, si se realizan de una manera controlada de forma que no produzcan estrés en los animales no veo ningún problema. Los santuarios son instituciones que necesitan de muchos recursos tanto materiales como personales para funcionar y poder garantizar la buena calidad de vida de sus habitantes, si las visitas (controladas, como he dicho anteriormente) pueden animar a más personas a hacerse socias o voluntarias, bienvenidas sean.

    Creo también que es injusto comparar a los santuarios con los zoos, los zoos existen exclusivamente para el beneficio humano mientras que los santuarios tienen como principal fin el bienestar de los animales y su protección ante el especismo.

    Por último, en relación a los sentimientos, es cierto que desde el punto de vista ético podemos argumentar racionalmente la injusticia que supone el especismo en tanto que una forma de discriminación totalmente arbitraria. Sin embargo, no podemos negar que una emoción, como es la empatía, es la base de muchas de nuestras decisiones morales y por ello no sebe ser obviada a la hora de formular una teoría ética en tanto que complemento a la argumentación racional. Hacerlo implicaría, no sólo dejar de lado un aspecto fundamental sino, en el caso concreto del especismo, dificultar la expansión del veganismo. El objetivo de todos los que defendemos los derechos de los animales es que más y más personas adopten un modo de vida vegano, si fomentar la empatía es una ayuda para ese objetivo no creo que debamos desaprovecharla.

    Aprovecho por darte las gracias por tu blog.

    Un saludo,

    Elena


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    1. Buenas, Elena.

      Gracias por participar y compartir tu opinión, y debo agradecerte también el que hayas tenido el detalle de firmar el comentario. Quisiera aprovechar este hecho para invitar a la gente a que siga tu ejemplo. Muchos de los que están participando en el blog con sus comentarios están firmando como “Anónimo”, y pienso que si se terminan acumulando comentarios bajo esa tónica al final resultará confuso. Dentro de las opciones que permite el apartado de “Comentar cómo” existe la de escribir bajo el nombre propio o el seudónimo que más nos apetezca, y me parece una lástima que se desaproveche esa posibilidad que se nos brinda.

      Yo diría que no hay tanto desacuerdos como sí quizá confusiones en torno a ciertos puntos concretos en los que probablemente no he conseguido trasmitir mi opinión de la manera más acertada. Por ejemplo, en ningún momento he pretendido hacer una comparación -ni menos aún una equiparación- entre los santuarios y los zoológicos. Como podrá apreciarse, destaco precisamente que entre unos y otros veo una línea radical de separación, es decir, que no tienen nada que ver. Lo que he dicho es que aquellos santuarios que abran sus puertas indiscriminadamente, para la satisfacción personal de los propios humanos, e incluso cobrando entrada por ello, entonces habrán traspasado esa línea sustancial.

      Estoy por tanto de acuerdo con el tema de las visitas, y creo que has destacado las cuestión de una manera muy acertada. Quizá añadiría a lo dicho que el principal objetivo de esas visitas debería ser la concienciación respecto al veganismo.

      Finalmente, quisiera apuntar también que para mí la empatía no es realmente un sentimiento, aunque guarde relación con ellos. Entiendo que la empatía en realidad es un ejercicio mental a través del cual nos colocamos imaginariamente en la situación de otros. Tal y como explica el psicólogo Luis Moya, autor del libro La empatía, ésta no debe confundirse con la simpatía. La empatía es cobrar conciencia de los sentimientos ajenos y actuar como si fuesen nuestros, pero sin llegar realmente a traspasar esa barrera del como si.

      De todos modos, yo no rechazo los sentimientos ni pretendo que sean rechazados. Es más, probablemente sin ellos nadie se involucraría en ninguna causa. Pero pienso que son buenos únicamente como impulso motivacional. O dicho de otra manera, los sentimientos pueden servirnos de motor, pero no de guía.

      Un saludo y gracias de nuevo por tu participación, Elena.

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  2. Buenas tardes, ante todo quiero felicitarte por tu blog, donde estoy encontrando unos artículos muy coherentes y acertados, muchas gracias por ellos.
    Desde hace un tiempo sigo de cerca la actividad y activismo de dos "santuarios" en concreto (y a muchos otros ocasionalmente) y me parecen muy coherentes en su hacer, al menos esos dos que he conocido más de cerca. No se presentan como una solución al problema, sino se centran, a mi forma de ver en dos aspectos: el de la atención al individuo y en la educación en el veganismo. Tu comparación a un campo de refugiados no la veo disparatada, los mismos fundadores de dichos "santuarios" suelen llamar a los habitantes de ésos, refugiados. Lógicamente, por ser los animales destinados al consumo, los tienen que proteger en un terreno vallado, frente a los posibles cazadores, legales o furtivos, o simplemente de alguien que se pueda encontrar por allí a una gallina o un cerdo. Las historias de casi cada animal rescatado son contadas con detalles y sin correcciones políticas, apelando siempre a la necesidad de hacerse veganos a los que aún no han dado el paso. Tanto en ese aspecto, como en el de alimentar a los animales rescatados con comida vegetal, si se refiere a algunos (pocos) perros y/o gatos que conviven allí con ellos, me parecen serios. No están "salvando" una especie, ni tampoco pretenden con sus (mínimos, visto dentro del contexto de la inmensa cantidad de individuos que sufren alguna forma de explotación) rescates, acabar con el abuso de todos los demás, y lo dicen. Las visitas suelen ser muy restringidas y concertadas, si no, directamente avisan de que "temporalmente se suspende la posibilidad de visitar", (yo no les he visitado). Por otro lado creo que las visitas son irrelevantes, los que deciden visitarles ya están concienciados y sensibilizados, pasa lo mismo con los documentales-denuncia que proyectan de vez en cuando en los cines o centros culturales y a los que van sólo los que apoyan esa denuncia en cuestión, (mucho más eficaz sería emitirlos por TV, pero ya es otro tema).
    Para acabar, y en lo referente a la empatía como emoción o acto intelectual, sólo quería decir que 30 segundos de un vídeo sobre un animal rescatado por uno de esos "santuarios" me sirvió como punto de inflexión para definir mi postura como definitivamente vegana. Por tanto un sentimiento de empatía tiene un impulso inicial de una emoción, seguido de toma de conciencia, a mi forma de ver. No sé a cuántas más personas ocurrió algo parecido que a mí, gracias al trabajo de los "santuarios", pero todo suma: un blog, un artículo, un pamfleto, un cartel, la actividad de un "santuario". Siempre y cuando el mensaje sea coherente y no parcial y enfocado siempre desde el antiespecismo.
    Muchas gracias de nuevo por tu trabajo, te seguiré leyendo, un cordial saludo.
    Ariana.

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    1. Hola, Ariana

      Muchas gracias por tu comentario. Me alegro de que el blog sea de tu agrado y de que su contenido resulte de utilidad.

      Tus apuntes me parecen enriquecedores, y creo que tengo poco que añadir. Naturalmente, deseo que se tenga presente que mi análisis sobre los santuarios es muy general, y que yo no me opongo a los santuarios. Cada santuario o refugio requerirá un juicio particular. Aquí me he limitado a apuntar algunos aspectos generales que considero importantes.

      Deseo, eso sí, volver a hacer algunos pequeños matices en cuanto al tema de la empatía. Creo que es habitual que se confunda la empatía con un sentimiento debido a dos motivos fundamentales: primero, que se trata de un razonamiento que gira en torno a los sentimientos; y segundo, que se trata de un ejercicio que a menudo (aunque no necesariamente) termina suscitando sentimientos también en nosotros.

      Pero insisto en que la empatía en si misma no es un sentimiento, sino un razonamiento. La muestra más clara de ello es que hay personas veganas que, por el contrario, en ningún momento necesitaron visionar imágenes de la explotación animal para dar su paso al veganismo. Aunque no sean una mayoría, hay ciertamente veganos que llegaron a serlo a través del puro razonamiento teórico.

      Creo que yo mismo podría clasificarme dentro de esa categoría. Es más, hoy en día sigue habiendo algunos animales nohumanos sobre quienes soy incapaces de experimentar sentimiento alguno. El dolor personal que siento al ver el daño infligido sobre algunos no se genera en el caso de otros, no obstante, la empatía, la capacidad de entender que todos ellos son seres sensibles a quienes les importa lo que les pasa, me lleva a reconocer en todos ellos los mismos derechos y la misma consideración moral.

      Un saludo, y gracias nuevamente.

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  3. Hola de nuevo y gracias por tu comentario. Siguiendo el tema de la empatía, creo que más que un sentimiento, o emoción, es una capacidad. Aunque, tal como tú lo explicas, estoy segura de que has reflexionado más que yo sobre ello. Que tú hayas podido llegar a respetar a los animales, razonando y sin la necesidad de una estimulación externa, pone en evidencia tu alto nivel de autonomía. Y lo celebro. Soy consciente de que yo, a pesar de tener a lo largo de mi vida, amagos de rechazo hacia el consumo de los animales, sin embargo me dejé arrastrar por la inercia social, ahogando esos brotes de "lucidez", integrando en mi vida sólo algunos pequeños cambios. Me hizo falta un potente estímulo desde fuera para quitarme el velo de los ojos de una vez por todas y dejar de tener miedo de cargar con las consecuencias de mi decisión. No fue un discurso persuasivo de nadie, ni una discusión, de hecho antes no había tenido ni contacto con personas veganas, ni con el movimiento. Ni me había asesorado acerca de lo que comería "a partir de ahora". (Recuerdo que mi hermano, al decirle que "he dejado de comer carne", me soltó una serie de nombres raros de platos y comida "extraña", a lo que yo le respondí que no tenía ni idea de todo eso, que ya lo irí viendo y tal. Él se quedó un poco extrañado, porque resultó que yo no es que fuera "trendy".). Luego me puse a leer y a buscar, a preguntar y verbalizar mis argumentos. Y gracias a Adrián López, de el guardian de los cristales, he llegado hasta tu blog.
    Estoy pensando que, tal vez, la empatía no sea imprescindible para sentir y manifestar el respeto por otro ser. Necesito pensar en ello un poco más.
    Gracias por compartir, Ígor, un saludo.
    Ariana

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  4. Hola Igor!
    Últimamente he estado pensando sobre las protectoras de animales, generalmente de perros y gatos, y he recordado este artículo tuyo que leí en su día. Ciertamente es un tema delicado este de "meterse" con los santuarios que parece que sean la meca del animalismo pero creo que lo haces desde el rigor ético y buscando siempre la finalidad del veganismo sin emplear medios que nisiquiera "rocen" la explotación, lo aplaudo.
    Volviendo al tema de las protectoras, pienso que todo lo que aquí comentas es aplicable a éstas, sean de los animales que sean, ¿no lo crees? No soy muy conocedor de cómo se gestionan y me he enterado recientemente que lo habitual es que cobren a la vez que se adopta un animal pero como concepto de desparasitación, vacunas, esterilización, ... en definitiva para sufragar (me dicen que siempre en una ínfima parte) parte de los gastos de una protectora. ¿No crees que vinculando un pago, aunque sea por otro concepto, a la adopción, se corre un riesgo enorme de caer en la explotación? hasta he llegado a preguntarme, ¿y si esa protectora, como también me he enterado, no emplea pienso vegano? estaríamos contribuyendo así a financiar ese modelo de protectora: salva a unos, condena a otros. Me interesa tu opinión sobre este asunto.

    Un saludo

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    1. Buenas, Leo.

      Muchas gracias por tu comentario. Me alegra muchísimo comprobar que al menos algunas personas han comprendido objetivamente el sentido de la crítica de este texto.

      Por de pronto, las protectoras tienen una naturaleza intrínsecamente especista, en tanto que su atención está centrada en la protección de algunas pocas especies animales (perros y gatos, por lo general). Eso ya de entrada está injustificado, pero es que hay que tener en cuenta que la motivación de las protectoras no es otra que la simpatía que sus propietarios y colaboradores sienten hacia esas especies en concreto. A las protectoras no las mueve ningún principio ético ni ninguna razón objetiva, de manera que perderemos nuestro tiempo buscando alguna que sea coherente con ellos. Mi propia experiencia me ha demostrado que el diálogo y la discusión sana dentro de las protectoras es una empresa prácticamente quimérica.

      El propio veganismo, por lo general, brilla completamente por su ausencia. Quienes trabajan en las protectoras no suelen creer en la igualdad moral entre animales. En lo que ellos creen es en una actitud paternalista hacia aquellos animales que simplemente les caen mejor o despiertan en ellos una mayor compasión. ¿Discriminan a los animales? ¿Los explotan? ¿No se mueven bajo los principios del veganismo? No puede sorprendernos.

      De todos modos, yo no me preocuparía demasiado por el destino que se reserve al pago que se nos exija por la adopción de un animal. Me refiero a que no veo que nosotros fuéramos responsables en caso de que sea empleado de una manera que no sea ética. El debate sería si está o no justificado ese pago, pero si creemos que lo está, el fin que se le dé después a ese dinero no es responsabilidad nuestra, aunque como agentes morales que somos siempre debemos reclamar que se haga un buen uso del mismo. En cualquier caso, me cuesta hacer un juicio sobre una situación tan generalista. Lo vería más claro sobre casos concretos. Además, al menos en los tiempos en que yo colaboraba con protectoras no se exigía pago ninguno por la adopción, de modo que me coge todo esto un poco por sorpresa, la verdad.

      Un saludo.

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