lunes, 2 de enero de 2017

¿ANIMALES? ¿QUÉ ANIMALES?


Ocasionalmente, me encuentro con personas que denuncian que los activistas por los Derechos Animales nos refiramos simplemente a "animales" y no a "animales sintientes" o a "seres sintientes". Argumentan que se trata de una forma poco rigurosa de hablar, cuando no que denota cierta postura dogmática que defendería a los animales por el simple hecho de ser animales. Pienso que esta perspectiva estaría omitiendo ciertos factores que me gustaría comentar brevemente.

En primer lugar, conviene dejar bien claro que el hecho de hablar sólo de "animales" responde a los principios básicos de la economía del lenguaje. Las proclamas en favor de los Derechos Animales no están vacías de contenido. Cuando se defienden los derechos de los animales, se apela en todo momento a su sensibilidad, a su valor intrínseco, a sus intereses, de manera que el discurso contiene siempre una alusión implícita a su capacidad sintiente.

Las razones son las mismas que conducen a los feministas a hablar de "mujeres" o a los humanistas a hablar de "humanos", a pesar de que también estas causas abogan específicamente por mujeres y humanos sintientes (e incluso, en muchos casos, adultos). Estos movimientos están apoyados en argumentos que hacen sobreentendible este hecho, y la economía del lenguaje exige no ser reiterativo respecto a matices que resulten evidentes e innecesarios.

Si obviásemos las normas de la economía del lenguaje, entonces probablemente nos veríamos obligados a incurrir continuamente en una retahíla de especificaciones interminables. Estaríamos no sólo forzados a hablar de "animales sintientes", sino también de "animales vivos", por ejemplo, dejando así patente que la consideración moral no incluye los cadáveres de animales que fueron sintientes, o de "animales reales" quizá, aclarando con ello que nuestro obligatorio respeto hacia los demás no atañe a retratos o seres virtuales. Se entiende que estamos hablando de animales vivos; se entiendo que estamos hablando de animales reales; y se entiende que estamos hablando de animales sintientes.

Existe también otro poderoso motivo aparte del económico por el que echar mano de este recurso lingüístico. Hay que tener presente que el común de la sociedad no está excesivamente al tanto en nociones de neurofisiología, de manera que si insistiéramos continuamente con lo de "animales sintientes" o "seres sintientes", es muy posible que la gente se confundiera y empezase a elucubrar respecto a quiénes nos estamos refiriendo concretamente. En una época en la aún existe cierto recelo popular por conceder emociones y sentimientos a cualquier animal nohumano, esto podría ser muy arriesgado. Muchos probablemente se verían tentados de pensar en nuestros parientes más cercanos, o sólo en animales con cerebros muy desarrollados. Algunos tal vez se extenderían hasta los mamíferos. Otros quizá incluirían a las aves. En definitiva, es posible que obtengamos una respuesta distinta por cada persona a la que hablemos de "animales sintientes".

¿Y qué animales se incluyen verdaderamente dentro de la categoría de seres sintientes? Ni siquiera los mejores fisiólogos pueden ofrecer una respuesta absoluta. Existe más o menos consenso respecto a los animales que presentan sistemas nerviosos claramente centralizados, pero a partir de aquí las fronteras se difuminan. Personalmente, pienso que tanto la clara y estrecha relación que guarda la actividad nerviosa con la capacidad motriz como el principio de precaución que debe imperar en cuestiones morales nos invitan a otorgar cuando menos el beneficio de la duda a cualquier animal que presente células nerviosas. Esto hace que los seres a considerar como no-sintientes sean una minoría suficientemente grande como para desarrollar un lenguaje que peque de exceso mucho antes que de defecto.

Finalmente, puede que no todos los animales sean seres sintientes, pero todos los seres sintientes son animales, lo cual no deja de ser un hecho también relevante. La sintiencia es sin duda una cualidad muy característica en la biología animal, y todo apunta a que se trata de un rasgo suficientemente extendido como para poder hacer este justificado desprecio de las excepciones. Al final, cuando reclamamos que sean respetados los derechos de los animales lo que estamos solicitando básicamente es que sea puesto especial cuidado a la hora de realizar discriminaciones dentro del reino animal.

Además, a lo largo de las distintas épocas de la historia han existido diferentes acuerdos respecto a lo que era y no era un animal, y habida cuenta de lo artificial del asunto y de su carácter puramente convencional, es posible que la cuestión nunca llegue a obtener una resolución concluyente y definitiva. Sea como fuere, la sintiencia ha contado siempre con un peso importante en esta interpretación, y aunque hoy no ocupe un lugar fundamental, no resulta descabellado conjeturar con que pueda llegar a representar nuevamente el papel principal en un hipotético futuro que estuviera influenciado por un reconocimiento mayoritario de los Derechos Animales (de hecho, no son pocos los taxónomos que ya en la actualidad, y por motivos puramente científicos, sugieren que los poríferos sean clasificados en un reino independiente).

En definitiva, hablar exclusivamente de "animales" no carece de rigor ni responde a ningún dogma, y sí por el contrario cuenta con sólidos argumentos a su favor. No deja de llamarme la atención, en cualquier caso, la gran cantidad de tiempo y energía que algunos animalistas gastan en esta clase de trivialidades. Jamás me he encontrado con nadie que creyera que las reivindicaciones de los defensores de los Derechos Animales hacen referencia a animales muertos o a alguna otra forma de animal no-sintiente. Me parece por tanto que son ganas de generar y enfrentarse a problemas que no existen, lo que no puede evitar despertar en mí ciertas suspicacias en cuanto a las motivaciones que empujan a algunos dentro de este movimiento.
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1 comentario:

  1. Bastante claro el contenido de lo expuesto. A veces cansa tener que referirse a animales no humanos o a seres sintientes
    Pero en ocasiones utilizo algunas de estas expresiones, para dar enfasis en lo que escribo.

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