sábado, 22 de abril de 2017

APELACIÓN AL SENTIMIENTO ANIMALISTA (FALACIAS ANIMALISTAS IV)

 
El bienestarismo se sostiene siempre sobre propuestas que prometen reducir de forma inmediata el número o el sufrimiento de las víctimas. «Todos queremos la abolición —se dice a menudo—, pero como no va a llegar de la noche a la mañana, debemos apoyar hasta entonces medidas que minimicen el sufrimiento de los animales». En cuanto el abolicionismo alza su voz en contra de esas medidas, poco tarden en hacer aparición las acusaciones de costumbre: «¡No os importa el dolor de los demás animales!», una sentencia a menudo rubricada con un «¡Sólo os preocupa la pureza ideológica!».

No voy a entrar ahora a señalar lo falsas que son estas promesas, como tampoco voy a repasar el fracaso histórico del bienestarismo. Esto ya se ha hecho de forma extensa en muchos otros lugares. Lo que deseo analizar es la acusación apuntada, lo falaz de su contenido y el error de la premisa que subyace en ella.

En primer lugar, debo anotar que lo de "pureza ideológica" me parece un mero absurdo. La única alternativa a la "pureza ideológica" sería la "impureza ideológica", y confieso que no soy capaz de intuir en qué forma se supone que lo segundo podría llegar a ser preferible a lo primero.

Bajo la expresión "pureza ideológica" sólo puede caber una fiel defensa de principios y valores. Se cree en una idea y se es fiel a ella de forma íntegra. No hay otra lectura posible, y no veo qué podría haber de malo en ello. Lo contrario vendría a ser el caos ideológico, donde las ideas se vuelven mutables, los principios pierden todo su significado y los discursos consistentes se hacen sencillamente imposibles.

En segundo lugar, acusar a los abolicionistas de no preocuparse por el dolor es un simple ejercicio de mezquindad. Nadie puede concebir seriamente que unas personas entregadas diariamente a la defensa desinteresada de un colectivo no van a preocuparse por su dolor. Es una estupidez suficientemente burda como para atribuirle intenciones deshonestas. El dolor de las víctimas duele a la gente, de manera que se transmite la idea de que los abolicionistas no se preocupan por él para tratar de desvirtuar su imagen y su discurso. Los abolicionistas no tienen compasión y la gente compasiva no debería prestarles atención. Esa es la idea que se pretende sembrar.

Se trata de una simple estrategia disuasoria apoyada en una ruin apelación a los sentimientos, cuyo principal error radica en obviar que esto no va sobre nuestros sentimientos. ¡Claro que los abolicionistas nos preocupamos por el dolor y el sufrimiento! ¡Y claro que nos alegramos con su mitigación! Lo que ocurre es que el asunto no trata sobre sentirnos mejor, sino sobre hacer lo que sea mejor para las víctimas; y lo mejor para las víctimas no es apoyar menos explotación; lo mejor para ellas es no apoyar ninguna.

Finalmente, y a colación con lo dicho hace un momento, quisiera hacer notar la aparente incapacidad de algunos para separar a la persona del activista, al sentimiento íntimo y espontáneo del compromiso público y adquirido.

En el supuesto imaginario (e improbable) de que mañana mismo fueran implantadas unas medidas que redujeran positivamente el número de víctimas y/o su sufrimiento, estoy plenamente convencido de que todos los abolicionistas sentirían en su fuero interno una cierta sensación de consuelo. No obstante, este hecho no tiene por qué corromper en nada nuestra postura y mensaje, y como agentes activos en favor de los derechos de los animales no podemos comprometer el objetivo de erradicar por completo su explotación apoyando o aceptando medidas que representen algo menos que su total abolición.

De forma análoga, si todos los violadores del mundo prometieran adquirir el hábito de sedar previamente a sus víctimas con cloroformo, sería perfectamente comprensible y lógico que toda persona que defendiera los derechos de las mujeres sintiera íntimamente cierto alivio al pensar en el dolor físico y psicológico que se reduciría con ese hecho. Ahora bien, ¿sería por eso aceptable que estas mismas personas ofrecieran su apoyo público a esas medidas, que algún colectivo feminista aplaudiera o reclamase violaciones con cloroformo? Se trata de un disparate inconcebible, pero es costumbre en muchos convertir lo inconcebible en algo plausible cuando se integra en la causa en favor del resto de animales.

Entre la violencia máxima y el respeto absoluto se extiende un amplio abanico de variantes. Menos violencia será siempre preferible a más violencia, pero cualquier persona seriamente vinculada a una causa social de justicia debería reclamar justicia y nada menos que justicia.

Es fundamental establecer un objetivo claro y no caer en el error de distraer la atención de ese objetivo. Sin duda, pasarán muchas cosas hasta su plena consecución, pero en nuestra responsabilidad recae que ese objetivo se vislumbre de manera permanente.

El vegetarianismo no es suficiente; asesinar a las víctimas de forma "humanitaria" no es suficiente; eliminar las jaulas en batería no es suficiente; renunciar al consumo de animales un día a la semana no es suficiente... La persona puede sentir cierta satisfacción con estas noticias, pero para el activistas nada de esto puede ser suficiente. Apoyando simples reducciones de la violencia lo único que estamos haciendo es distorsionar la imagen del objetivo básico que debe marcase con nitidez cristalina.

La abolición de la explotación animal no es una utopía idealista. Decenas de millones de veganos en todo el mundo somos el reflejo de ello. Reclamarla es reclamar algo factible, algo accesible, y apoyar cualquier otra alternativa distinta, por más que reduzca el dolor de las víctimas, supone al mismo tiempo permitir innecesariamente la perpetuación de su explotación. Diez grados de daño son preferibles a cien, pero aceptar diez cuando podemos demandar cero es una irresponsabilidad por parte de quienes nos hemos comprometido a defender los derechos de los animales. 

3 comentarios:

  1. Sencillamente perfecto.

    Por desgracia, muchas de las personas que promueven el bienestarismo/neobienestarismo defienden que "hay que hacer algo" y que ése algo es regular la explotación animal. Es decir, plantean la falsa dicotomía "regulaciones vs nada". Por supuesto que hay que hacer algo: hay que promover el veganismo como base moral.

    Muchísimas gracias por tu post.

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    1. Exactamente.

      Yo encuentro tres principales motivos por los cuales mucha gente interpreta el activismo vegano como “no hacer nada”:

      Primero; porque tanto a los bienestaristas convencidos como a las grandes corporaciones animalistas les interesa difundir esa idea, y lo hacen.

      Segundo; porque el activismo vegano educacional no es tan espectacular como otras formas de activismo, y a menudo la gente valora el activismo en función de su realización personal.

      Y tercero; porque los efectos del activismo vegano, aunque mucho más positivos y efectivos que los de cualquier otro, no son tan notorios ni se aprecian a simple vista.

      Un saludo, Cristina, y gracias a ti por compartir tu valiosa reflexión.

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  2. Hola Igor y hola Cristina,

    Muy cierto lo que dices Igor sobre la perpetuación de la idea de que difundir el veganismo es "no hacer nada". Los tres puntos me parecen muy verdaderos, especialmente el segundo y tercero.

    Se podria quizás añadir un cuartero: Promover el veganismo no se vende bien. Al contrario, promover jaulas mas grande o otra forma de explotación de los otros animales si se vend bien. De hecho, los grandes grupos neo bienestaristas ganan milliones de euros con eso (PETA por ejemplo). Los no veganos son listo a dar mucho dinero para que se explotan y asesinan a los demás animales de otra forma. Asi se le limpia su conciencia mientras que a los otros se le rellenan sus bolsas. Y los animales sigue siendo victima de la misma violencia en la historia.

    Un abrazo a ambos desde Marsella.
    Gracias.

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