sábado, 22 de julio de 2017

EL ESPECISMO COMO UN PROBLEMA DE OTRA ÉPOCA Y LUGAR


Cuando pensamos en determinadas injusticias sociales, como puede ser el caso de la esclavitud de seres humanos, nuestra mente nos evoca irremediablemente a épocas y/o lugares remotos perdidos ya en el tiempo. Visualizamos la esclavitud humana con los campos de algodón de los estados sureños de Norteamérica, o con los colonos del pasado, que no sólo conquistaban las tierras, sino también las gentes que descubrían. Pensamos en los romanos, o en los egipcios, o en los esclavistas del siglo XIX que hacían sus negocios con vidas humanas traídas del continente africano. Lo mismo ocurre con el sexismo o el racismo, lacras que recordamos como imágenes ajadas y en blanco y negro; momentos de la historia que no alcanzamos a entender cómo pudieron llegar a ocurrir realmente.

Actuamos así de manera inconsciente, aun a sabiendas de que dichos problemas siguen latentes en nuestra sociedad, en nuestro siglo, en nuestro tiempo. Y no necesitamos desplazarnos hasta Tailandia, Mauritania o Sudán para descubrir que la esclavitud humana sigue siendo una realidad; o a Afganistan, Somalia o Irak para constatar la vigencia del sexismo; o Jordania o la India para entender lo propio con el racismo. Basta echar un rápido vistazo a la situación de los inmigrantes y refugiados, a los casos de trata de blancas o a las cifras de maltrato doméstico de nuestro país para darnos cuenta de que el racismo, el sexismo y la esclavitud humana son una realidad mucho más cercana y actual de lo que parece.

Pero que esa sea nuestra actitud ante dichos problemas es en gran medida comprensible. Son problemas ante los que se ha avanzado mucho en poco tiempo y, en términos generales, no son hechos ante los que la sociedad se muestre del todo indiferente. Reaccionamos con rechazo ante alguien que muestra actitudes racistas o sexistas, nuestros políticos y personajes públicos se cuidan mucho de mostrar esos prejuicios, y las organizaciones que dicen representarnos y gobernarnos (como las Naciones Unidas, por ejemplo) dedican buena parte de su tiempo a tratar de erradicar lo que entendemos como una excepción a la regla. Así pues, es hasta cierto punto lógico que entendamos el racismo, el sexismo o la xenofobia como un lunar en nuestro idílico mundo de tolerancia e igualdad. Algo excepcional, remoto y anacrónico.

Pero existe en nuestra sociedad otra problemática, el especismo, y que nuestra actitud ante dicha injusticia sea la misma resulta algo menos aceptable y más preocupante, siendo sin embargo esa la realidad. La sociedad se mueve en su día a día con una absoluta actitud de parsimonia ante la situación que sufren el resto de animales, permitiéndose tan solo (y en el mejor de los casos) una ligera mueca de desagrado cuando recuerdan las corridas de toros, el abandono de perros o la matanza de focas en Canadá.

Pero que esa sea la visión que la gente tiene del especismo no es algo que deba sorprendernos. Si alguien completamente ajeno a lo que ocurre en el mundo hoy día deseara informarse entorno a las diferentes causas sociales, cuando llegara al movimiento por lo Derechos Animales se encontraría con la inmensa mayoría de organizaciones denunciando un especismo "light", un especismo remoto en el tiempo y la distancia, algo excepcional en la situación idílica que disfrutan los animales nohumanos. Ejemplo claro de ello son las web's de algunas de las más conocidas organizaciones de nuestro país. Entrando en alguna de ellas veremos en la portada la palabra "investigación" repetida hasta en cuatro o cinco ocasiones. ¿Investigaciones para hacer frente al especismo? Si un grupo que dice luchar contra el especismo se pasa media vida destacando las intrincadas investigaciones que lleva a cabo, ¿qué otra imagen va a quedar en la sociedad sino la de que el especismo es algo recóndito que precisa de un arduo trabajo para desenmascararlo?

El 90% de sus noticias nos hablan al mismo tiempo del Foie Gras de Francia, los perros en China, los atunes en Italia o la industria porcina en Gran Bretaña. Francia, China, Italia, Gran Bretaña... ¿Cómo se puede hacer frente a una problemática que se respira en cada rincón de nuestro planeta situándola siempre en la lejanía? Uno sale de casa y pronto se encuentra con un individuo sujeto a una correa que es tirada por otro individuo; el bar o la cafetería de la esquina nos ofrece decenas de productos derivados de la explotación de animales; continuamente nos cruzamos con gente que luce orgullosa sus jerseys de lana o sus zapatos de cuero; se vislumbra con claridad en el interior del pequeño supermercado ese aparato de luz azulada capaz de asesinar a 30 o 40 personas por minuto; y, entretanto, los niños degustan con deleite unos helados fabricados a partir de secreciones mamarias robadas a madres inocentes.

¿Por qué alejar así el especismo? ¿Por qué situarlo en un entorno y unas circunstancias que no nos son habituales? ¿Por qué exculpar a quienes tenemos al lado y criminalizar al resto? Quizá al descubrir que aquellas organizaciones animalistas que más fomentan estas ideas son "casualmente" las que al mismo tiempo tienen más afiliados, socios y donativos empecemos a comprender la respuesta.

Es fácil encontrar la postura más populista. Basta con evitar remover conciencias, con permitir que la gente siga acostándose cada noche sin cuestionarse sus actos, sólo el de los demás. "Qué malos que son los chinos", se dirán algunos, "Mañana mismo hago un donativo para luchar contra el comercio de perros, aunque primero tengo que bajar a la tienda a por huevos, que no me quedan". Una anécdota tan irrisoria como habitual, muy probablemente. ¿Y a quién puede extrañar? "TVE vuelve a retransmitir toros en horario infantil ¡Manda tu queja!", proclama una de las mencionadas organizaciones en su página web (que, por cierto, no hace ni la más mínima mención al veganismo en su portada). Deben sentirse felices los toros al ver cómo alguien se preocupa por sus verdaderos problemas... Si las quejas surten efecto los toros serán asesinados igual, pero al menos no a la vista de niños pequeños, que según la opinión de todos los veterinarios es lo que más estrés genera en ellos (nótese el sarcasmo, por favor).

Meter al especismo debajo de la alfombra es seguramente un buen sistema para recaudar fondos, pero resulta imposible entender en qué forma puede ayudar a las víctimas que lo padecen. Difícil situación se augura para las personas nohumanas cuando quienes dicen defenderlas son las primeras en distorsionar la realidad a la que se ven sujetas.

2 comentarios:

  1. Hola, Igor,

    Encuentro tu articulo muy pertinente.
    La traición de las organizaciones neo-bienestaristas que se dicen a favor de los animales pero que implícitamente tienen como objetivo escondido de ganar dinero merece ser expuesta a la luz.

    Efectivamente, ¿Que mejor manera de ganar dinero que no decir a la gente que son responsable de algo malo y al sitio, mostrar del dedo un tipo de violencia especista sensacionalista y lejos de ellos, diciéndole que una donación podría acabarlas?

    Eso es no solamente una mentira, un engaño sino que es vincular un mensaje contra-producente que aleja el publico de una comprensión clara de lo que puede ser el especismo y por lo tanto dejar la injusticia seguir con sus victimas de manera eterna.

    Este voluntad de ganar dinero de las organizaciones neo bienestaristas me recuerda al fabuloso libro del nutricionista y bioquímico Thomas Colin Campbell "Integral" salido en 2013 (2014 por la versión en español: https://www.casadellibro.com/libro-integral-whole/9788416233014/2385537) que he leído hace poco. En este libro, Colin Campbell cuenta como las organizaciones de nutrición y de salud publica o privada se han transformado en negocios. El explica como estas distorsionan la verdad sobre los beneficios de una alimentación puramente vegetal y los peligros de los productos animales para seguir teniendo donaciones de varias empresas que no tienen intereses a que estas verdades se difunden (industria de la carne, leche de vaca, huevos, industria farmacéutica, etc...).

    La misma distorsión de la verdad o simplemente el mismo silencio sobre la verdad se puede observar en el documental "Cowspriacy". En este documental, se muestra con claridad como este fenómeno ocurre con las organizaciones " ecologistas". Estas no dicen que la primera causa de destrucción de la tierra en cuasi todo los aspectos es la producción de productos animales.

    He realizado que estamos frente cada vez al mismo problema: la voluntad de ganar dinero se hace mas importante que la voluntad de decir la verdad y hacer avanzar la causa que se defiendo sin embargo al origen con una real sinceridad.

    ¿Como eso puede ocurrir? y ¿Porque es tan sistemático, aunque lo que esta en juega es la libertad y a vida de billones de individuos? Este cuestiones quedan abiertas.

    Esta realidad refuerza mi dedicación a promover el veganismo a través una educación pacifica, honesta y sin pedir ninguna dinero. El ejemplo funciona también al revés ¿no? Aprendemos y nos mejoramos no únicamente de las buenas acciones de los demàs sino también de sus malas acciones de los demàs.

    Sobre todo, por mi parte, eso me refuerza en la idea de que los educadores veganos deben pasar mas su tiempo en desarrollar su propio activismo eficiente que intentar corregir los errores de activismos de los demàs.

    Te da las gracias por tu articulo y por la dedicación que pones a defender a los animales desde tantos años con la misma sinceridad, fuerza, belleza y integridad.

    Un abrazo,
    Jérémie desde Marsella.

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    Respuestas
    1. Gracias por tu aportación, Jérémie.

      Un saludo.

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